La vida está hecha de batalla, de guerra, siempre.
Nuestros símbolos forman parte de esta lógica, combaten contra la realidad.
Se enfrentan, caen, pelean en el suelo. Se aferran a la tierra.
Quieren estar de pie.
Nuestros símbolos son heroicos porque nosotros somos héroes.
Así es. Sólo hay que darse cuenta.
Nuestros símbolos son cobardes porque tienen dudas.
Así es, sienten miedo.
Nuestros símbolos caminan sobre una cuerda que es demasiado delgada, tratan con mucho dolor estar de pie y no caer.
Equilibristas con un arpón ardiendo en el corazón.
Les dispararon ahí, pero dan otro paso, teniendo en la mirada ese punto que está ahí delante.
No pueden ver bien, todo es muy oscuro y hace mucho frío. Es difícil no temblar.
Pero aunque están suspendidos lejos del suelo, tan fácil que sería ceder, se aferran a la tierra.
Quieren estar de pie.
No son sencillos nuestros símbolos.
Son cicatrices.
Su forma es extraña, y a veces fea, uno quiere arrancarla,
pero nuestros símbolos son tatuajes con los que nos encontramos, mil formas se imaginan antes de que la correcta quede indeleble en nuestra piel.
Nuestros símbolos son niños.
Nuestros símbolos juegan a ser nosotros mismos, no les importa que nosotros seamos ellos.
No quieren tener esa responsabilidad.
Pero una sonrisa suya nos puede salvar.
Nuestros símbolos son monstruos y matadores de monstruos que se necesitan mutuamente.
Vivimos en medio de su esfuerzo por darse muerte.
Y vivimos su batalla,
La tenemos que vivir, porque de esa batalla tendremos que salir en pie.
Y desde el suelo en el que estemos parados, tratar de entender.
martes 14 de octubre de 2008
miércoles 1 de octubre de 2008
En frente del Mar
En frente del Mar alcanzo a ver a los primeros navegantes.
Me pongo a pensar por qué han decidido alejarse tanto hasta perderse de vista.
¿Qué buscan más allá del horizonte?
Vamos a conquistar -dijeron antes de zarpar-.
Subo la mirada y miro al cielo, alcanzo a ver a los primeros viajeros estelares.
Se dirigen a todos los puntos del espacio hasta que dejamos de escucharlos.
¿Qué buscan más allá del azul del cielo?
Vamos a conocer -dijeron antes del despegue-.
Pero ya los miro colocando sus banderas, conquistando.
Me admiro ante el valor de los hombres que han realizado tan grandes acciones.
Pero también me asusto.
Siempre se ha castigado la soberbia en las proezas de los hombres.
Siempre estas proezas violan alguna ley que desconocemos.
Y entonces, todos los hombres seremos condenados por el desconocido Juez.
Cierro los ojos y regreso a mi vida, esperando el veredicto final.
Me pongo a pensar por qué han decidido alejarse tanto hasta perderse de vista.
¿Qué buscan más allá del horizonte?
Vamos a conquistar -dijeron antes de zarpar-.
Subo la mirada y miro al cielo, alcanzo a ver a los primeros viajeros estelares.
Se dirigen a todos los puntos del espacio hasta que dejamos de escucharlos.
¿Qué buscan más allá del azul del cielo?
Vamos a conocer -dijeron antes del despegue-.
Pero ya los miro colocando sus banderas, conquistando.
Me admiro ante el valor de los hombres que han realizado tan grandes acciones.
Pero también me asusto.
Siempre se ha castigado la soberbia en las proezas de los hombres.
Siempre estas proezas violan alguna ley que desconocemos.
Y entonces, todos los hombres seremos condenados por el desconocido Juez.
Cierro los ojos y regreso a mi vida, esperando el veredicto final.
lunes 14 de julio de 2008
Torre de Babel
Nuestro asunto con la Torre de Babel, la destrucción por el lenguaje.
Choque entre idiomas.
Lenguas oficiales.
Lenguas bárbaras.
Imposición del idioma y muerte de la lengua del cuerpo.
Desterrada casi por completo.
Poco entendida.
Está prohibido que las pieles se entiendan entre sí.
Un solo lenguaje asegura el dominio.
Presuntamente, el idioma universal asegura el poder universal.
Es el camino imparable.
Guerra entre idiomas.
Desperdicio de sangre que se derrama por tener una lengua diferente.
Repertorios distintos de palabras, palabras, palabras…
Primer paso, un solo color a la hora de nombrar las cosas.
Primer paso, un solo color en la piel de todos los hombres.
Blanco, bueno, recto, legal, derecho, noble, superior, divino.
Negro, malo, torcido, ilegal, zurdo, vulgar, inferior, animal.
Uno: positivo, correcto, verdadero
Cero: negativo, incorrecto, falso
1010110101010101010101010101010101010101010101010010101
El lenguaje superior, el que se ha inventado para los hijos que están por venir,
Los que estarán cuando ya no quede ninguno de nosotros,
Los que ya no serán hombres.
Dejando la era del Cero, siempre hacia el Uno.
Queriendo conquistar lo entero, lo total, el círculo, el ciclo, la vida, los elementos, al silencio y al Tiempo.
¿No lograrán los diferentes lenguajes hacer el amor entre sí?
¿Las palabras y las pieles no engendrarán los nuevos colores?
¿No se combinarán nunca el 1 y el 0?
Torre de Babel, pecado del hombre.
Choque entre idiomas.
Lenguas oficiales.
Lenguas bárbaras.
Imposición del idioma y muerte de la lengua del cuerpo.
Desterrada casi por completo.
Poco entendida.
Está prohibido que las pieles se entiendan entre sí.
Un solo lenguaje asegura el dominio.
Presuntamente, el idioma universal asegura el poder universal.
Es el camino imparable.
Guerra entre idiomas.
Desperdicio de sangre que se derrama por tener una lengua diferente.
Repertorios distintos de palabras, palabras, palabras…
Primer paso, un solo color a la hora de nombrar las cosas.
Primer paso, un solo color en la piel de todos los hombres.
Blanco, bueno, recto, legal, derecho, noble, superior, divino.
Negro, malo, torcido, ilegal, zurdo, vulgar, inferior, animal.
Uno: positivo, correcto, verdadero
Cero: negativo, incorrecto, falso
1010110101010101010101010101010101010101010101010010101
El lenguaje superior, el que se ha inventado para los hijos que están por venir,
Los que estarán cuando ya no quede ninguno de nosotros,
Los que ya no serán hombres.
Dejando la era del Cero, siempre hacia el Uno.
Queriendo conquistar lo entero, lo total, el círculo, el ciclo, la vida, los elementos, al silencio y al Tiempo.
¿No lograrán los diferentes lenguajes hacer el amor entre sí?
¿Las palabras y las pieles no engendrarán los nuevos colores?
¿No se combinarán nunca el 1 y el 0?
Torre de Babel, pecado del hombre.
lunes 30 de junio de 2008
Dos ciudades
He visto dos ciudades muy distintas y muy distantes, una la he visto desde las alturas, está hecha de concreto, es dura y gris pero está viva; mucho más viva de lo que está habitada. La han construido los hombres y la siguen alimentando con su propia carne; es por eso que dentro de sus muros grises hay un corazón palpitando. Los hombres han puesto su voluntad en ella, es por eso que tiene la capacidad del florecimiento, de la belleza y de la pureza, aunque siempre para florecer sea necesaria la voluntad de todos. Los hombres han puesto su amor en ella, por eso los cobija, ofrece resguardo de la lluvia, un plato que siempre alimenta y hasta alguna prenda para vestir al cuerpo. Pero en esta ciudad los hombres han depositado también su odio, por eso es que es inhóspita, fría y dolorosa. Los hombres que construyeron esta ciudad necesitaron también construir sitios oscuros y solitarios, espacios áridos, pedregosos; lugares sin sentido para poder ejercer su violencia. Estos lugares son sus altares a la cobardía, el lugar donde se permiten dejarse vencer por su propia rabia y destruir hasta no dejar nada en pie. Tal vez sea por eso que cuando iba volando por encima de ella me pareció verla llorar.
La otra ciudad que he visto es una ciudad que nunca más volverá a existir, pero que ha existido siempre y siempre existirá. No la ha construido nadie y ni siquiera sé si pueda llamársele ciudad. no estaba habitada por ningún hombre, ella misma era su propio habitante. Esta ciudad no necesitó más que estar ahí; no necesitaba ni siquiera ser contemplada y sin embargo se abrió en toda su hermosura. No era necesario sobrevolarla para percibirla en toda su magnitud porque fue construida en el único lugar donde la mirada humana puede abarcarlo todo: el horizonte. Parado justo en la orilla del mar la vi. La entrada a esta ciudad era un gran arco de siete colores distintos, el viento, el agua y la luz hacían que los colores fueran ya muy tenues, ya de una intensidad que yo jamás había visto. Estos colores estaban encendidos en una semicircunferencia perfecta, completa; tal era la entrada a la ciudad. Los palacios, las grandes catedrales, las casas de formas inimaginables, los puentes que no necesitaban llegar a ningún lado, las fuentes de fantásticas danzas, los jardines imposibles se extendían por detrás del arco en todo lo largo del horizonte marino, lo ocupaban todo estas construcciones gigantescas. Se movían, cambiaban de forma, aparecían nuevos castillos y desaparecían otros. Y yo me preguntaba el por qué de esa ciudad, para qué tanta belleza si nadie iba a caminar por los pasillos de esas edificaciones tan magníficas. Pronto lo descubrí, el Sol había decidido ese día ir a descansar a esa ciudad. Ella lo sabía, por eso cuando llegó el momento, todo en ella se volvió una gran fiesta. La ciudad reía y alzaba los brazos para recibir al huésped con la suavidad necesaria, y Él, con todo su calor y su luz, recibió luz y calor de la ciudad que lo estaba acogiendo. El arco de los siete colores se cerró, no se esperaba a nadie más. Una vez cerrado el arco los colores fueron apareciendo en el cielo, a veces puros, a veces mezclados, a veces atravesados por rayos de luz que Él enviaba en agradecimiento por la hospitalidad de la ciudad. Todo en las alturas eran fuegos artificiales para celebrar el descanso del huésped. Y luego, poco a poco, la noche; y la ciudad, al menos ante mi vista desapareció. Ahí estarán por siempre esa ciudad y su huésped. No sé cómo, pero después de haber visto estas dos ciudades, la de las alturas y la del horizonte, mi corazón ha llegado a una certeza: Yo soy ambas ciudades. Yo soy la gris, y también la ciudad de colores; soy la que se duele y florece y la que se ríe y desaparece; la que es dura, la que es suave; la que fue construida para que habiten los hombres, la que fue imaginada para que descansen los dioses. Todos nosotros somos esas dos ciudades y ellas también son nosotros, dioses y hombres que necesitamos descansar. Eso es lo que comprendí viendo estas dos ciudades.
La otra ciudad que he visto es una ciudad que nunca más volverá a existir, pero que ha existido siempre y siempre existirá. No la ha construido nadie y ni siquiera sé si pueda llamársele ciudad. no estaba habitada por ningún hombre, ella misma era su propio habitante. Esta ciudad no necesitó más que estar ahí; no necesitaba ni siquiera ser contemplada y sin embargo se abrió en toda su hermosura. No era necesario sobrevolarla para percibirla en toda su magnitud porque fue construida en el único lugar donde la mirada humana puede abarcarlo todo: el horizonte. Parado justo en la orilla del mar la vi. La entrada a esta ciudad era un gran arco de siete colores distintos, el viento, el agua y la luz hacían que los colores fueran ya muy tenues, ya de una intensidad que yo jamás había visto. Estos colores estaban encendidos en una semicircunferencia perfecta, completa; tal era la entrada a la ciudad. Los palacios, las grandes catedrales, las casas de formas inimaginables, los puentes que no necesitaban llegar a ningún lado, las fuentes de fantásticas danzas, los jardines imposibles se extendían por detrás del arco en todo lo largo del horizonte marino, lo ocupaban todo estas construcciones gigantescas. Se movían, cambiaban de forma, aparecían nuevos castillos y desaparecían otros. Y yo me preguntaba el por qué de esa ciudad, para qué tanta belleza si nadie iba a caminar por los pasillos de esas edificaciones tan magníficas. Pronto lo descubrí, el Sol había decidido ese día ir a descansar a esa ciudad. Ella lo sabía, por eso cuando llegó el momento, todo en ella se volvió una gran fiesta. La ciudad reía y alzaba los brazos para recibir al huésped con la suavidad necesaria, y Él, con todo su calor y su luz, recibió luz y calor de la ciudad que lo estaba acogiendo. El arco de los siete colores se cerró, no se esperaba a nadie más. Una vez cerrado el arco los colores fueron apareciendo en el cielo, a veces puros, a veces mezclados, a veces atravesados por rayos de luz que Él enviaba en agradecimiento por la hospitalidad de la ciudad. Todo en las alturas eran fuegos artificiales para celebrar el descanso del huésped. Y luego, poco a poco, la noche; y la ciudad, al menos ante mi vista desapareció. Ahí estarán por siempre esa ciudad y su huésped. No sé cómo, pero después de haber visto estas dos ciudades, la de las alturas y la del horizonte, mi corazón ha llegado a una certeza: Yo soy ambas ciudades. Yo soy la gris, y también la ciudad de colores; soy la que se duele y florece y la que se ríe y desaparece; la que es dura, la que es suave; la que fue construida para que habiten los hombres, la que fue imaginada para que descansen los dioses. Todos nosotros somos esas dos ciudades y ellas también son nosotros, dioses y hombres que necesitamos descansar. Eso es lo que comprendí viendo estas dos ciudades.
sábado 24 de mayo de 2008
Árbol
Eres el árbol cortado por la sierra, el hacha dura, el pico, la insensatez. Eres un madero que ya no respira, pusieron fuego donde tus pulmones regalaban el aire y te convirtieron en carbón. No eres palo que sirva de algo, garrote para castigar al traidor, viga para el ahorcado. Eres raíz arrancada del calor de la Tierra y puesta a su suerte en el asfalto. Arrancaron tus ramas árbol y no fue para construir un hogar, era sólo que estorbaban, ¡hazte a un lado mierda!
Trozos, dientes, crujidos, motor, motor, siempre el motor que se impone.
Estás roto porque el motor no mira, avanza, arrasa, nada le importa.
Pieza rota de un organismo, extirpada para ver su reacción ante los objetos punzantes. Savia regada por el suelo, flujo inútil, asqueroso, que hay que trapear de inmediato. Construcción de infinitas posibilidades, imaginación compleja de un niño creador, estás tirado junto a una alcantarilla, tu cuerpo obstruye la basura y se pudre con ella.
Eres el lápiz roto, torturado constantemente por el filo, pero te has acabado, dentro de ti hay una mancha negra incapaz de expresar nada.
¡Ay, árbol!
Y aún así, como sólo tú sabes estar, estás de pie, no te cansas de estar ahí, a pesar de lo que te han hecho. Te cortaron y tus brazos no se caen vencidos, te mueres lo suficientemente lento como para morir después de quien te cortó, demostrando que vives por siempre.
Siempre permaneces.
Siempre, siempre ahí.
Trozos, dientes, crujidos, motor, motor, siempre el motor que se impone.
Estás roto porque el motor no mira, avanza, arrasa, nada le importa.
Pieza rota de un organismo, extirpada para ver su reacción ante los objetos punzantes. Savia regada por el suelo, flujo inútil, asqueroso, que hay que trapear de inmediato. Construcción de infinitas posibilidades, imaginación compleja de un niño creador, estás tirado junto a una alcantarilla, tu cuerpo obstruye la basura y se pudre con ella.
Eres el lápiz roto, torturado constantemente por el filo, pero te has acabado, dentro de ti hay una mancha negra incapaz de expresar nada.
¡Ay, árbol!
Y aún así, como sólo tú sabes estar, estás de pie, no te cansas de estar ahí, a pesar de lo que te han hecho. Te cortaron y tus brazos no se caen vencidos, te mueres lo suficientemente lento como para morir después de quien te cortó, demostrando que vives por siempre.
Siempre permaneces.
Siempre, siempre ahí.
sábado 15 de diciembre de 2007
Antígona en la avenida
Caminaba por la acera de una de las principales arterias de la ciudad, el flujo no era demasiado denso así que los automóviles circulaban a muy buena velocidad. Venía pensando en su hermana, la había visto hace poco, caminando en torno de una esquina, hablando con los conductores que al verla continuaban su marcha, la había visto en su casa también, drogada, con los dedos negros, percudidos con las cenizas de su lata para las piedras; flaca, muy flaca. Había sido expulsada del pequeño reino familiar por su propensión a la crítica, por su gran desprecio por la mentira y los ideales caducos, por su amor a la vida. Venía pensando que ahora ella se aferra a su muerte lenta para reafirmar ese amor, para perseguir con sus gritos de loca la conciencia de su castigador hasta el día de su muerte. Lo único que podía hacer, pensaba, era llevarle un poco de dinero que sacaba de las cuentas de sus padres sin que éstos lo notaran para saciar un poco su hambre, lo único que hacía, pensaba, era prolongar su infierno.
Se oyó un golpe seco y luego un bulto gris disparado por la acera de la arteria principal, las gentes esquivan el bulto, lo miran, él alcanza a distinguir de qué se trata; es un perro que se levanta, chilla y comienza a caminar tambaleante, desorientado, intentando huir vuelve a meterse a la arteria principal. Los automóviles comienzan a frenar con chillidos enfurecidos, retroceden, se desvían, los automovilistas se chillan entre si. El perro cae en medio de la avenida, vive aún, los automóviles comienzan a transitar en curva alrededor de él.
No había dejado de pensar en su hermana cuando se bajó de la acera y se metió en la arteria principal también, hasta donde el perro estaba. Se arrodilló junto a él y lo abrazó, ya no chillaba, ya no intentaba salir corriendo para salvarse de los automóviles, sólo respiraba el aire a grandes bocanadas. No había dejado de pensar en su hermana y comprendió que la tenía entre sus brazos, y todo el cuerpo del perro comenzó a temblar, fueron unos segundos hasta que el rigor llegó a su fin, en medio de los insultos de los conductores y la gente agolpada sobre la acera.
Caminó de regreso cargando a su hermana en medio del transito entorpecido, los últimos chiflidos se escucharon mientras iba subiendo la acera. La gente observaba la sangre del perro, se podía percibir, por las muecas que hacían con la boca, su asco y fascinación; lo veían luego a él y la mueca se volvía una especie de sonrisa, como una pequeña burla, luego seguían caminando. Y así, sintiendo el destierro él mismo, avanzó por la acera, en frente de las tiendas, en frente de las oficinas, en frente de las casas. Y caminó hasta que encontró un Árbol, y ahí, lejos de todos, pudo dejar al perro, descansando sobre un pasto fresco.
Retomó su camino pero sus pensamientos ahora se habían transformado. Fue hasta ese momento que vinieron a su conciencia el golpe y el bulto, los insultos y las miradas, el peligro de los automóviles pasando junto a él a muy buena velocidad, el pavimento negro de la avenida, la sangre del perro que ahora lo tenía todo cubierto.
Mucho trabajo le costó entender qué fue lo que había pasado, pero fue muy fácil en cambio saber lo que tenía que hacer ahora, sólo unos pequeños esfuerzos bastaron para llegar a una decisión. Levantó la mano para parar un taxi que pasaba, lo abordó y en él se alejó a buena velocidad por una de las principales arterias de la ciudad.
Se oyó un golpe seco y luego un bulto gris disparado por la acera de la arteria principal, las gentes esquivan el bulto, lo miran, él alcanza a distinguir de qué se trata; es un perro que se levanta, chilla y comienza a caminar tambaleante, desorientado, intentando huir vuelve a meterse a la arteria principal. Los automóviles comienzan a frenar con chillidos enfurecidos, retroceden, se desvían, los automovilistas se chillan entre si. El perro cae en medio de la avenida, vive aún, los automóviles comienzan a transitar en curva alrededor de él.
No había dejado de pensar en su hermana cuando se bajó de la acera y se metió en la arteria principal también, hasta donde el perro estaba. Se arrodilló junto a él y lo abrazó, ya no chillaba, ya no intentaba salir corriendo para salvarse de los automóviles, sólo respiraba el aire a grandes bocanadas. No había dejado de pensar en su hermana y comprendió que la tenía entre sus brazos, y todo el cuerpo del perro comenzó a temblar, fueron unos segundos hasta que el rigor llegó a su fin, en medio de los insultos de los conductores y la gente agolpada sobre la acera.
Caminó de regreso cargando a su hermana en medio del transito entorpecido, los últimos chiflidos se escucharon mientras iba subiendo la acera. La gente observaba la sangre del perro, se podía percibir, por las muecas que hacían con la boca, su asco y fascinación; lo veían luego a él y la mueca se volvía una especie de sonrisa, como una pequeña burla, luego seguían caminando. Y así, sintiendo el destierro él mismo, avanzó por la acera, en frente de las tiendas, en frente de las oficinas, en frente de las casas. Y caminó hasta que encontró un Árbol, y ahí, lejos de todos, pudo dejar al perro, descansando sobre un pasto fresco.
Retomó su camino pero sus pensamientos ahora se habían transformado. Fue hasta ese momento que vinieron a su conciencia el golpe y el bulto, los insultos y las miradas, el peligro de los automóviles pasando junto a él a muy buena velocidad, el pavimento negro de la avenida, la sangre del perro que ahora lo tenía todo cubierto.
Mucho trabajo le costó entender qué fue lo que había pasado, pero fue muy fácil en cambio saber lo que tenía que hacer ahora, sólo unos pequeños esfuerzos bastaron para llegar a una decisión. Levantó la mano para parar un taxi que pasaba, lo abordó y en él se alejó a buena velocidad por una de las principales arterias de la ciudad.
viernes 30 de noviembre de 2007
Extraña transformación.
Últimamente he estado padeciendo una transformación extraña, y me parece importante mencionarlo porque tal vez sea yo de las últimas generaciones, sino es que la última, que vaya a padecer ésto que ahora yo siento. Hace poco vi una película que me dio una imagen clara del fenómeno al que me refiero, se trata de un muchacho enredado en un fuerte problema con el Tiempo, pues llega a descubrir la manera de viajar a través de él, sí, pero sólo le sirve para tener que decidir regresar al momento en que debía morir (No diré el nombre de la película para no vender el final a los que no la han visto). Pues bien, este muchacho descubre que existe una parte de nuestro ser capaz de adelantarse al Tiempo y llegar a los lugares y realizar las acciones que haremos antes de que el resto de nuestro cuerpo llegue ahí, es una especie de tubo líquido que sale del plexo solar y se proyecta hacia adelante... este tubo se puede conectar a los portales del Tiempo que existen en la naturaleza. Todo esto, por supuesto, sólo él puede verlo, y una anciana que ha escrito un libro que se llama La filosofía de los viajes en el tiempo.
Hay un hilo, o tubo, estoy seguro, y este nos conecta no sólo con el Tiempo.
Es un tubo así el que percibo caminando por la calle cuando no me siento del todo caminando en una calle, trato de percibir la realidad de esa calle con claridad y comienzo a encontrarla distinta, la percibo con ruido, reacciono a destiempos, descubro que hay una parte de mi cuerpo que no está en ella y se encuentra metida en esta amplia red informática del mundo. Y tal vez esté muy desesperada por encontrar sus espacios. En pocas palabras, en muy poco tiempo, dos meses digamos, que es el que ha durado mi contrato a Internet, me he entregado totalmente a construir todo este tipo de páginas y blogs en los que se va depositando en palabras, imágenes y símbolos, aquello que yo soy. He creado un fuerte cordón que me lleva directamente hacia mi computadora, y la mía no es portatil.
Así, yo, hombre de 33 en este 2007 comienzo a construir, entender y controlar un cordón que se proyecta a un portal infinito construido por la humanidad y para la humanidad, y en este portal se va definiendo mi perfil. No lo entiendo aún. Me cuesta trabajo, angustia y dolor. Y siento culpa también por estarme perdiendo muchas cosas del mundo en el que nací.
Así, yo, hombre de 33 en este 2007 comienzo a construir, entender y controlar un cordón que se proyecta a un portal infinito construido por la humanidad y para la humanidad, y en este portal se va definiendo mi perfil. No lo entiendo aún. Me cuesta trabajo, angustia y dolor. Y siento culpa también por estarme perdiendo muchas cosas del mundo en el que nací.
Sin embargo estoy aprovechando, pues para las generaciones anteriores a la mía, que seguro en algún momento atravesaron por mi angustia, llegar a esa palabrita que aquí parece insignificante, "publicar" era un sueño alcanzado por muy pocos; y en cuanto al alcance de las publicaciones, bueno, pues no hablemos. Hoy podemos publicar cualquier cosa sin tanto esfuerzo, sin tanto gasto, y el alcance es sumamente basto, incomprensiblemente basto para la gran mayoría. Es bueno o malo ésto, pues es asunto de grandes y fuertes discusiones. Pero de que el Internet llegó para quedarse en nuestras vidas y arraigarse cada vez más profundamente en nuestro mismo organismo de eso no me cabe la menor duda. Lo mejor será aprender, sobre todo para mi, que no nací plenamente en esta nueva era.
Veremos qué pasa.
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