martes, 14 de octubre de 2008

Los Símbolos

La vida está hecha de batalla, de guerra, siempre.
Nuestros símbolos forman parte de esta lógica, combaten contra la realidad.
Se enfrentan, caen, pelean en el suelo. Se aferran a la tierra.
Quieren estar de pie.
Nuestros símbolos son heroicos porque nosotros somos héroes.
Así es. Sólo hay que darse cuenta.
Nuestros símbolos son cobardes porque tienen dudas.
Así es, sienten miedo.
Nuestros símbolos caminan sobre una cuerda que es demasiado delgada, tratan con mucho dolor estar de pie y no caer.
Equilibristas con un arpón ardiendo en el corazón.
Les dispararon ahí, pero dan otro paso, teniendo en la mirada ese punto que está ahí delante.
No pueden ver bien, todo es muy oscuro y hace mucho frío. Es difícil no temblar.
Pero aunque están suspendidos lejos del suelo, tan fácil que sería ceder, se aferran a la tierra.
Quieren estar de pie.
No son sencillos nuestros símbolos.
Son cicatrices.
Su forma es extraña, y a veces fea, uno quiere arrancarla,
pero nuestros símbolos son tatuajes con los que nos encontramos, mil formas se imaginan antes de que la correcta quede indeleble en nuestra piel.
Nuestros símbolos son niños.
Nuestros símbolos juegan a ser nosotros mismos, no les importa que nosotros seamos ellos.
No quieren tener esa responsabilidad.
Pero una sonrisa suya nos puede salvar.
Nuestros símbolos son monstruos y matadores de monstruos que se necesitan mutuamente.
Vivimos en medio de su esfuerzo por darse muerte.
Y vivimos su batalla,
La tenemos que vivir, porque de esa batalla tendremos que salir en pie.
Y desde el suelo en el que estemos parados, tratar de entender.

sábado, 24 de mayo de 2008

Árbol

Eres el árbol cortado por la sierra, el hacha dura, el pico, la insensatez. Eres un madero que ya no respira, pusieron fuego donde tus pulmones regalaban el aire y te convirtieron en carbón. No eres palo que sirva de algo, garrote para castigar al traidor, viga para el ahorcado. Eres raíz arrancada del calor de la Tierra y puesta a su suerte en el asfalto. Arrancaron tus ramas árbol y no fue para construir un hogar, era sólo que estorbaban, ¡hazte a un lado mierda!
Trozos, dientes, crujidos, motor, motor, siempre el motor que se impone.
Estás roto porque el motor no mira, avanza, arrasa, nada le importa.
Pieza rota de un organismo, extirpada para ver su reacción ante los objetos punzantes. Savia regada por el suelo, flujo inútil, asqueroso, que hay que trapear de inmediato. Construcción de infinitas posibilidades, imaginación compleja de un niño creador, estás tirado junto a una alcantarilla, tu cuerpo obstruye la basura y se pudre con ella.
Eres el lápiz roto, torturado constantemente por el filo, pero te has acabado, dentro de ti hay una mancha negra incapaz de expresar nada.
¡Ay, árbol!
Y aún así, como sólo tú sabes estar, estás de pie, no te cansas de estar ahí, a pesar de lo que te han hecho. Te cortaron y tus brazos no se caen vencidos, te mueres lo suficientemente lento como para morir después de quien te cortó, demostrando que vives por siempre.
Siempre permaneces.
Siempre, siempre ahí.

viernes, 30 de noviembre de 2007

Extraña transformación.

Últimamente he estado padeciendo una transformación extraña, y me parece importante mencionarlo porque tal vez sea yo de las últimas generaciones, sino es que la última, que vaya a padecer ésto que ahora yo siento. Hace poco vi una película que me dio una imagen clara del fenómeno al que me refiero, se trata de un muchacho enredado en un fuerte problema con el Tiempo, pues llega a descubrir la manera de viajar a través de él, sí, pero sólo le sirve para tener que decidir regresar al momento en que debía morir (No diré el nombre de la película para no vender el final a los que no la han visto). Pues bien, este muchacho descubre que existe una parte de nuestro ser capaz de adelantarse al Tiempo y llegar a los lugares y realizar las acciones que haremos antes de que el resto de nuestro cuerpo llegue ahí, es una especie de tubo líquido que sale del plexo solar y se proyecta hacia adelante... este tubo se puede conectar a los portales del Tiempo que existen en la naturaleza. Todo esto, por supuesto, sólo él puede verlo, y una anciana que ha escrito un libro que se llama La filosofía de los viajes en el tiempo.
Hay un hilo, o tubo, estoy seguro, y este nos conecta no sólo con el Tiempo.
Es un tubo así el que percibo caminando por la calle cuando no me siento del todo caminando en una calle, trato de percibir la realidad de esa calle con claridad y comienzo a encontrarla distinta, la percibo con ruido, reacciono a destiempos, descubro que hay una parte de mi cuerpo que no está en ella y se encuentra metida en esta amplia red informática del mundo. Y tal vez esté muy desesperada por encontrar sus espacios. En pocas palabras, en muy poco tiempo, dos meses digamos, que es el que ha durado mi contrato a Internet, me he entregado totalmente a construir todo este tipo de páginas y blogs en los que se va depositando en palabras, imágenes y símbolos, aquello que yo soy. He creado un fuerte cordón que me lleva directamente hacia mi computadora, y la mía no es portatil.
Así, yo, hombre de 33 en este 2007 comienzo a construir, entender y controlar un cordón que se proyecta a un portal infinito construido por la humanidad y para la humanidad, y en este portal se va definiendo mi perfil. No lo entiendo aún. Me cuesta trabajo, angustia y dolor. Y siento culpa también por estarme perdiendo muchas cosas del mundo en el que nací.
Sin embargo estoy aprovechando, pues para las generaciones anteriores a la mía, que seguro en algún momento atravesaron por mi angustia, llegar a esa palabrita que aquí parece insignificante, "publicar" era un sueño alcanzado por muy pocos; y en cuanto al alcance de las publicaciones, bueno, pues no hablemos. Hoy podemos publicar cualquier cosa sin tanto esfuerzo, sin tanto gasto, y el alcance es sumamente basto, incomprensiblemente basto para la gran mayoría. Es bueno o malo ésto, pues es asunto de grandes y fuertes discusiones. Pero de que el Internet llegó para quedarse en nuestras vidas y arraigarse cada vez más profundamente en nuestro mismo organismo de eso no me cabe la menor duda. Lo mejor será aprender, sobre todo para mi, que no nací plenamente en esta nueva era.
Veremos qué pasa.